MirrorCheck nació del contacto cercano con personas que atravesaron relaciones con perfiles narcisistas y psicopáticos. Ver ese proceso desde adentro, entender la confusión que genera, la dificultad de nombrar lo que está pasando, fue lo que dejó en claro que faltaba una herramienta diseñada para ese momento específico: antes del diagnóstico, antes de la certeza, cuando todavía estás preguntándote si estás exagerando.
La información sobre narcisismo y psicopatía existe, y es abundante. El problema es la brecha entre leer sobre estos trastornos y reconocerlos en la propia vida. Las herramientas disponibles están pensadas para quien ya sabe que está siendo abusado, o para profesionales clínicos. No existe nada diseñado para el momento del cuestionamiento, que es cuando más se necesita.
Se analizaron 6 herramientas existentes: MyNARA, Angie Atkinson, Psychology Today, SIG (wrapper de ChatGPT), Narcissistic Abuse Awareness y GPT genérico.
El patrón fue consistente: las herramientas disponibles están divididas en dos categorías. Las clínicas, diseñadas para profesionales, y las de recuperación, pensadas para quien ya confirmó que está siendo abusado.
Ninguna está diseñada para el momento del cuestionamiento. Ninguna combina análisis de texto con IA en tiempo real y un cuestionario estructurado. Ninguna está pensada para el mercado hispanohablante. Ese fue el espacio que MirrorCheck vino a ocupar.
La que duda
Está en una relación que empezó intensa y con el tiempo se volvió confusa. Busca en Google, lee sobre narcisismo, y siempre termina pensando que quizás exagera. Necesita analizar situaciones concretas, no teoría general.
La preocupada por otro
Ve señales en la relación de su hija y no sabe cómo ayudar sin empujar. Cualquier confrontación directa puede volverse en su contra. Necesita entender lo que está pasando, documentarlo, y encontrar una forma de abrir una conversación sin generar rechazo.
El que investiga
Ya salió de la relación y ahora, con perspectiva, empieza a entender lo que vivió. Quiere herramientas para procesar lo que pasó y no repetir el patrón.
Este proyecto lo desarrollé con asistencia de IA — la arquitectura de información y el desarrollo se realizaron con Claude y Base44. Mi aporte fue la dirección del producto.
Todo empezó con una sola idea: analizar un mensaje de texto real y detectar si hay manipulación. De ahí el producto fue creciendo en dos direcciones: funcionalidades que yo propuse directamente — como el test para evaluar las propias vulnerabilidades, que surgió de preguntarme si alguien que duda no necesita también entenderse a sí mismo — y funcionalidades que emergieron de pedirle a la IA que analizara la app hasta ese punto y sugiriera qué faltaba.
Mi trabajo fue mantener el hilo conductor: que cada cosa nueva respondiera la misma pregunta, ¿qué más hubiera ayudado? Decidir qué incluir, qué descartar y en qué orden construir fue lo que le dio forma al producto.
Lo que empezó con tres modos principales fue creciendo a medida que el proceso dejaba ver necesidades más profundas. Cada funcionalidad nueva surgió de la misma pregunta: ¿qué más hubiera ayudado?
Las funcionalidades no surgieron de un proceso de research estructurado, sino de algo más directo: pensar en qué hubiera ayudado en el momento más difícil. El diario de episodios llevó naturalmente a preguntarse si esos episodios podían analizarse. ¿Son cíclicos los patrones? ¿Se puede detectar cuándo empieza un ciclo nuevo? Esa lógica fue la que fue construyendo el producto funcionalidad por funcionalidad. A veces el mejor punto de partida para diseñar algo es haber necesitado que existiera.